Marciano nos saca la foto

Hace tiempo no nombro aqui a Marciano Duran, el tipo que, ademas de ser periodista, es un retratista del hoy, de lo que pasa con nuestro mundo “hoy día” (como diria Don Francisco).
Marciano, lo hace generalmente con humor, con muy buen humor, uno que te hace destornillar de risa, si, lo escribí bien, porque se te salen los tornillos, esos que tenemos ya casi oxidados por estar encerrados.
Como lo dice el en su último aporte en su sitio.

Esto es apenitas un fragmento chico (permiso Marciano, te robé este cachito), pero les pido vayan a su sitio y leanlo completo, no tiene ni una coma de desperdicio. Esta vez no es un texto de humor, es una fotograía a nosotros mismos, vayan, leanla y veanse en el espejo.

¿Cuál será ahora el límite del individualismo?

¿Iremos perdiendo también la solidaridad con aquellos a quienes queremos mucho?
Cuando optamos por la comunicación tecnológica sobre la real con las personas de nuestra más cercana familia, cuando preferimos comunicarnos a través de cualquier aparato que tenga cables, cámaras o micrófonos ¿no nos estamos acercando a ese límite tan jodido?

El asiento que no damos en el ómnibus, el tipo que no alcanzamos a ver durmiendo tapado con cartones en 18, nuestro cruce de vereda ante la mujer que se desmaya ¿serán los modelos del trato que utilizaremos con nuestros hijos o nuestros padres dentro de unos años?
¿Cuál es el límite del individualismo?
¿Tiene?
¿Iremos sólo a los lugares santificados por los medios como los shopping, los casinos o los mega espectáculos?

Hemos resuelto encerrarnos, hemos resuelto quedarnos conectados, entubados, asistidos mecánicamente, en coma colectivo y profundo.
Y para hacerla completa, estamos formando a nuestra imagen y semejanza a la próxima generación.
Los estamos educando en la cultura del encierro.
Algunos de nuestros gurises ya nacieron en cautiverio y nosotros le suministramos el Play Station para anclarlos convenientemente.
No hay tiempo para lo colectivo.
Afuera hay inseguridad.
Sálvese quien pueda.
Hacé la tuya.
No hay tiempo para lo colectivo.
Hay que trabajar más que antes porque tenemos que pagar las cuotas de los aparatos que nos mandaron comprar, para ayudarnos a bancar tanta soledad.
Nos guste o no nos guste, somos la generación que resolvió encerrarse y encerrar a sus hijos.

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